Desde niña mis papás me dijeron siempre que yo podía lograr lo que me propusiera, con este afán de los padres de llevar lejos a sus hijos, pero también me dijeron que no podía hacer taekwondo, porque no es un deporte de niñas ni irme a la playa con mis amigas porque las mujeres no viajan solas, años después me dijeron que si una mujer pierde la virginidad antes del matrimonio no tiene nada que ofrecer a su esposo. Ventajosamente en mí pesó más lo que podía lograr. Y sí mis papás no se consideran feministas, aunque en los últimos años he visto en ellos muchos rasgos del feminismo, no se llaman asimismos así, pero en los noventa la sociedad cuencana era más cerrada que ahora y ellos entienden que el mundo ha cambiado.

Cuando era adolescente mis profesores me reclamaron en más de una ocasión que no me comportaba como una señorita, que reclamaba ante las injusticias o decía que no estaba de acuerdo con algo, que no me sentaba como una dama, porque lo hacía como algunos compañeros. Cuando empecé la universidad, y tuve mis primeros exámenes interciclo dos profesores nos dijeron que si íbamos al examen con falda no necesitábamos estudiar, pero que si estábamos gorda el examen es difícil, sí dijeron esto delante de toda la clase, y nadie se inmutó. Unos meses después iba en el bus, y me senté junto a la ventana, al salir un hombre mayor que se había sentado a mi lado me agarró el trasero cuando pasaba delante de él, mi reacción lógica fue golpearle en la cara, unas dos personas me gritaron que no puedo ser violenta e irrespetuosa, me gritaron a  que me defendí de un acoso sexual, él era un pobre señor que no pudo controlarse. Cambié de carrera en la universidad y después de una discusión sobre Saramago en clases mi profesor me invitó a salir con él a seguir hablando de eso fuera de los predios universitarios, cuando lo rechacé con la amenaza de contarle a su jefa, mamá de una amiga, pasé el ciclo con la nota mínima en esa materia.

A mis 26, llevaba más de cinco años de docencia secundaria, e ingresé a un nuevo trabajo. A los pocos meses conversaba con un compañero que tenía exactamente el mismo cargo que yo, mismo número de horas, ambos con título de tercer nivel, el mío en educación el de él en ingeniería, y yo seis años de profesora secundaria, y él uno. Su sueldo era 15% mayor al mío, aunque yo trabajaba ocho horas diarias y él, seis. Luego supe que ese no era el único caso, todos los hombres ingresaban a esa institución con un sueldo notoriamente superior al de las mujeres, sin ninguna razón real. Poco después me quedé embarazada y tuve una discusión académica con mi jefa por lo que fuimos donde el vicerrector para resolverla, a lo que él me dijo que prefería no discutir conmigo mientras estuviera en ese estado, “porque las mujeres son medio difíciles de tratar y más embarazadas”, sí esas fueron sus palabras.

Cuando mi hijo tenía nueve meses cambié de trabajo (sí de nuevo) y me ofrecieron un mes con facturas por un tema de contrataciones públicas y después contrato civil con mis horas de lactancia. Tres semanas después hablé en recursos humanos para definir el horario y la directora me dijo que acabé el mes y me vaya, que ella no contrata mujeres embarazadas ni en horas de lactancia, porque no paga para que no hagan nada.

Estos son algunos ejemplos de machismo en diversas formas, esto es lo que muchas llamamos el patriarcado, y en cada una de estas experiencias me he acercado al feminismo, he entendido que sí en temas legales las mujeres tenemos los mismos derechos, pero que los hombres no, incluso en eso tenemos prioridad y es por esto que muchas creerán que efectivamente las mujeres pelemos por locas, por exageradas, porque nos gusta llamar la atención. Yo no nací ni crecí en una realidad socioeconómica complicada, marginal o en uno de los quintiles bajos, sino en la clase media alta, colegio privado, universidad pública, trabajé desde los 19 pero voluntariamente, mi sueldo lo gastaba en mí, no en arriendo, ni servicios básicos, ni comida ni transporte. Sí, privilegiada, no lo niego, pero eso no me hace ciega, sorda ni muda.

La gente que no entiende de feminismo cree que las feministas odiamos a todos los hombres, sí a todos, sin excepciones, que todas somos lesbianas, que no nos depilamos, que no nos maquillamos, que queremos que todas aborten y con esto lógicamente destruir la humanidad, como malo de dibujos animados, y que nos reunimos desnudas alrededor de una hoguera a planear que monumento destruir y que paredes manchar. Pero la verdad es que no, en el Ecuador ni siquiera estamos organizadas, sí hay grupos organizados, y sí en diferentes niveles de convicción o extremismo si queremos llamarlo así, pero en el fondo todas y todos buscamos lo mismo, que hombres (cis y trans), mujeres (cis y trans) y no binarios y quienes me falten nombrar, seamos libres, tengamos derecho a caminar por la calle, sin ser acosados, ni tildados de nada, a amar a quien queramos, que nuestro cuerpo sea respetado en todos los espacios, que valoren nuestro trabajo por el trabajo no por nuestro sexo, género, apariencia, orientación, que seamos libres siempre. 

Y sé que hay gente que también cree que buscamos aprovecharnos, que los grupos LGBTIQ+ tienen prioridad en concursos públicos, pero no es por que sí. Yo también creo que los cargos deben ser ocupados por las personas más aptas y preparadas, sin importar su género, raza, etnia, orientación, procedencia, pero eso sería si todos y todas tuviéramos las mismas oportunidades. Y lamentablemente no es así. Hace unos años vi un video de un profesor universitario que pedía a sus estudiantes que se pusieran en una línea para una carrera en una cancha, y les explicaba la dinámica: él haría preguntas (no relacionadas con género, orientación, raza o etnia) y si su respuesta era positiva ellos darían dos pasos adelante, al final explica en el video que nada de lo que él ha dicho tiene ninguna relación o culpa con lo que ellos como seres humanos han hecho, de sus decisiones personales, pero que sí tienen ventaja y privilegio: padres juntos, educación privada, comida en la mesa, seguridad financiera, salud, entonces el hecho de que una de aquellas personas que no ha tenido las oportunidades de una persona de clase media alta llegué a la misma posición que una privilegiada tiene más mérito e históricamente les debemos. Con las mujeres es igual, hace una semana presenté en la Universidad del Azuay una exposición con fotografías de la década de los ochenta y actuales, y estadísticas de 2007 y 2020, las mujeres en cargos de poder son pocas aún, una decana, cien profesoras titulares menos que profesores.  El que esas 73 hayan llegado tiene más mérito que los 173 hombres, sin con esto decir que los hombres no tengan mérito, ellos también estudiaron y pasaron los exámenes, al igual que las mujeres, sino que ellas tuvieron más obstáculos en el camino.

Pero no es solo por la brecha salarial, las oportunidades laborales que el feminismo se levanta y pide cambios.  Es el acoso callejero, que se da por esta idea que las mujeres somos objetos, que nosotras calladitas nos vemos más bonitas, y que por lo tanto sin voz somos adornos, y somos propiedad de los hombres. No creo que haya habido mujer que no haya sido acosada en la calle, hablo de un piropo, de una mirada incómoda, de comentarios fuera de lugar, de tocar sin consentimiento, de perseguir, de hacerlas sentir inseguras. Hagan memoria ¿estaban solas? Lo más probable es que sí, y si estaban acompañadas ¿era con otra mujer? Cuando estamos con un hombre casi nunca recibimos esos comentarios, no porque crean que ese hombre les va a defender, sino porque en palabras de hombres “no se toca a la hembrita de otro”. Un día iba con mi pareja cerca de mi casa, y pasábamos junto a una construcción, él paró para amararse los zapatos, y los albañiles me vieron sola y empezaron a gritarme, mi pareja se acercó a mi casi corriendo, los albañiles se disculparon con él, como que a él le hubieran dicho algo. Y el acoso callejero es de lo más suave que nos pasa a las mujeres, si no me creen o dudan vayan a Twitter busquen el #Comohombres o ¿A los hombres también les pasa eso? 

Pero el feminismo no está solo a favor de las mujeres, no espera eso, el feminismo está a favor de la igualdad y esa es su lucha. El feminismo lucha también porque los hombres tengan más tiempo después del nacimiento de sus hijos, no una semana o dos, que en empresas grandes en las que si hay x de madres el empleador cubrirá los gastos de cuidado de los niños y niñas hasta x edad, pero no de los padres, solo de las madres, que en juicios de custodia si el padre se queda con sus hijos o hijas sea la madre quien pague la manutención y no deba ser un juicio más para pedir un derecho de los niños y niñas.

¿Se acuerdan de Martha, la mujer violada por tres hombres en Quito? No era algo de gente buena versus gente mala como decían, sino de hombres que creían que podían tocar, usar, ultrajar el cuerpo de una mujer, porque la sociedad les ha dicho que las mujeres somos objetos sexuales, que decimos no pero que en verdad queremos decir sí, que solo nos hacemos las difíciles, pero en verdad, no es no, siempre no es no. 

Lamentablemente no es solo Martha, ese no es un caso aislado, desde el 2014 hasta marzo del 2020 hay 748 mujeres asesinadas por feminicidios, 17 en 2020, porque sus parejas, ex parejas, padres, abusadores, han creído que esos ellas no tenían derecho sobre sí mismas, que ellas eran su propiedad, y son matadas apuñaladas, disparadas, estranguladas, quemadas, ahorcadas, asfixiadas. Esto solo en el Ecuador, en México el número en dos meses supera los 250. Y luego la gente se cuestiona la forma de las protestas, porque las paredes son manchadas, los vidrios rotos, los monumentos destruidos, y creemos que no es la forma de protestar, y yo estoy de acuerdo en que la propiedad pública es pública, y no debería ser tocada, pero ¿y si fueran sus hijas?, ¿sus hermanas?, ¿sus madres?, si fuesen ellas las desaparecidas, a las que las encuentran violadas, quemadas, muertas porque algún hombre creía que tenía poder sobre ellas. ¿No quemaran ustedes todo? ¿no salieran a protestar en la calle? ¿a gritar de dolor y reclamar al estado que no las protegió? ¿o que sus asesinos siguen libres? ¿no quemaran todo?

En todo este texto he dicho que “nos han dicho” o “se cree que”, y esto no es contra nuestros padres, es contra el sistema, sí el sistema patriarcal y heteronormativo, de ese que hablaba Simone de Beauvoir en 1949, que su libro El segundo sexo resume en que no se nace mujer: una llega a serlo, por una construcción del género, la construcción social y cultural en la que la mujer tiene un papel que cumplir en la sociedad, que se define por tres posturas: la mujer madre, la mujer cuidadora, la mujer silenciada. El papel principal de la mujer cultural y socialmente es el de ser madre, porque sí biológicamente estamos hechas para procrear, y según la gente (de nuevo por esta construcción social) todas debemos querer ser madres, y nuestro cuerpo nos llamará a eso, a ser madres y como tales aprendemos a cuidar a los niños, a los esposos, a los enfermos, a los de la tercera edad y como pasamos toda nuestra vida cuidando a los demás y nos han dicho que esta es nuestra misión en el mundo nos callamos si queremos algo distinto. El cuidado y la maternidad son intereses, gustos y deseos, pero como todo interés, gusto y deseo son individuales, en palabras más simples, no porque a  me guste el color rojo, o no comer carne, o correr, o leer, o el rock voy a creer que todos deberíamos vestirnos de rojo, ser vegetarianos, correr maratones, leer libros y ser rockeros, es igual que la política, la economía, no porque yo esté de acuerdo con un político creo que todos deberían tener mi mismo punto de vista, la maternidad es igual, es una construcción y un deseo, si yo quiero ser madre nadie debería cuestionar mi decisión, que normalmente no es cuestionada, pero si decido no ser madre tampoco deberían cuestionar. El feminismo propone que todas y todos deberíamos ser libres, tomar nuestras decisiones sin ser cuestionadas, con esto no decimos tampoco no ser parte del sistema si es eso lo que queremos, es decir, si quiero participar en un certamen de belleza, aunque reproduzca los estereotipos, no lo haga, si quiero es mi decisión y puedo hacerlo, si quiero bailar en un video de reguetón con poca ropa puedo hacerlo, pero que todo esto sea mi decisión, si quiero hacerme depilación definitiva o raparme la cabeza que lo haga, porque el cuerpo es mío, y es mi decisión, y si quiero salir a marchas o sentarme con las piernas abiertas, o usar falda o pantalón holgado, si quiero no depilarme nunca, si quiero ser mecánica, médica, enfermera, profesora, presidente, astronauta, presentadora de noticias, fotógrafa, que lo haga y que nadie la juzgue por esto, y las que quieran unirse a las marchas que lo hagan, porque hay personas que están lidiando con más dolor, con el asesinato, la tortura o la violación de su hija, de su madre, de su hermana, si no hemos pasado por ese dolor, no podemos juzgarlas ni creer que nuestro criterio es superior. Desde hace días que vi el video de la mexicana hablando sobre el asesinato de su hija hay una frase que no me la puedo sacar de la cabeza “a mí me mataron a mi hija (…) y no le voy a pedir permiso a nadie, porque yo estoy rompiendo por mi hija y la que quiera que romper que rompa, y la quiera quemar que queme y la que no, que no nos estorbe”.