Cuando la maternidad toco mi puerta tenía 23 años de edad fue inesperada, en mi país le llaman la mismísima metida de pata estaba con muchos miedos e incertidumbre, pero sobre todo con esas ganas de hacer lo mejor para mi hija, con el apoyo de mi exesposo, mi amada familia y mis amigas queridas. Tuve la dicha de tener una hermosa hija que no por coincidencia nació un 25 de Diciembre, la llamamos Martina fue algo mágico ella llego a mi vida y por primera vez me sentí completa, esa sensación que solo las mamás sabemos y no solo las mamás que dan a luz sus hijos las mamás que adoptan, que cuidan a niños o bebès por cuestiones de la vida.

Ser mamá es mucho más que todo los conceptos que uno lee y escucha. Entendí muchas cosas sobre la vida, es muy duro ser madre. Una vez más la vida enseñándome que las cosas más hermosas, las más duras y sacrificadas son las que de verdad valen la pena. Ella me hizo más fuerte más humana, sacaba lo mejor de mi me dio paz me dio amor.

En medio del miedo y el cansancio estaba ella tan chiquita tan mia, necesitándome para poder sobrevivir y yo ahí equivocándome y tratando de hacer todo con amor.

Mi experiencia desde un inicio fue como estar en una montaña rusa pero esas montañas que te hacen gritar de miedo y de felicidad al mismo tiempo, esas que sientes el vacío en el estomago pero lleno de esperanza, una esperanza que lleno mi alma y supe que tenía que tratar de ser más de lo que fui ayer y tenía que ser mejor el día de mañana.

hoy por hoy y luchando contra las adversidades de la vida, me siento: llena, amada, y plena.

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